La meditación y la música no pueden ser separadas. Cuando lloramos por la paz, la luz y la dicha desde las más profundas cavidades de nuestro corazón, eso es el mejor tipo de meditación. A continuación de la meditación está la música; la música del alma, la música que conmueve y eleva nuestra conciencia aspirante. No podemos meditar las veinticuatro horas del día, pero tal vez podemos meditar dos horas al día. En otros momentos podemos interpretar o escuchar música. Cuando interpretamos o escuchamos música del alma, música psíquica, inmediatamente somos transportados a un plano superior de conciencia. Cuando interpretamos música fervorosamente, vamos alto, más alto, altísimo.